sábado, 17 de abril de 2010
ISONDÚES
Cuando tupá creo a los hombres, quiso quiso que tuvieran todo lo necesario para sobrevivir. Entonses les dio la primera hoguera.Un dìa Añá, el malo, bajóla tierra y se llevo un gran disgusto. Era cerca del anochecer y pansó encontrar a los hombres temblando de frìo. Sin embargo sucedía todo lo contrario. A lo largo de los campos, a orillas de los rìos vio pequeñas fogatas, alrededor de las cuales se refugiaban los seres humanos para calentarse y hacerse compañia. Más enojoso fue para Añá, ver que esos fogones unían a los hombres, quienes sentados junto al fuego parecían apacigar sus peleas, entenderse mejor y compartir los alimentos.Enfurecido aspiró hondo, hinchó sus mejillas de aire y después fue volando sobre los campo, mientras soplaba co toda su fuerza para apagar cuanta fogata encontraba en su camino.Los hombres no pudieron explicarse lo sucedido y temieron por su fuego, que era desparramado por un cruel viento nocturno. Miles de chispas se esparcieron por todas partes y Añá corría como enloquesido de acá para allá, tratando de apagarlas totalmente.Cuando Tupá se enteró de lo que estaba sucediendo en la tierra, decidió tomar las cosas con calma y pensó cómo hacer, para que Añá perdiera la partida.Fue así que transformó las chispas dispersadas por los campos, en insodùes, pequeños insectos, que al volar se encienden y apagan fugazmente.Añá no se dió cuenta de esa trasformación y siguió persiguiéndolos. Así se fue alejando de los fogones, en donde aun quedaban brasa encendidas.los hombres, desconcertados, creían que sus fogatas, que hacían poco tiempo que le había regalado su dios, se habian apagado. Tupá, al verlos tan preocupados, bajó nuevamente para enseñarles como mantenes vivas la brasas.Entretanto Añá seguia persiguiendo a los insondúes, creyendo poder apagar todo el fuego de la tierra. Un día cansado de soplar y soplar vio a los hombres nuevamente sentados alrederos de sus fogones, cantando, trabajando ...Entonces se metió en una cueva muy oscura y quedó pensando lleno de rencor, de qué otra manera podria destruir lo construido, borrar lo aprendido.Desde aquel enojo de Añá, los insondúes siguen iluminando los campos de noche, estrellas fugaces, que alegran al caminante solitario.
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